Esa sensación que produce leer las palabras de un ser querido. Las palabras escritas no se borran, y menos las que se graban a fuego en la memoria. Por eso vuelves a leerlas una y otra vez. Tal vez porque así, esa persona que ya no está, vuelve a apoyar su mano sobre tu hombre y dice:

-Tranquilo, sigo aquí.

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