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Roberto C. Morais

Microrrelatos, cuentos y reflexiones de un escritor

Testing

Sus dedos habían dejado un rastro al pasar a contrapelo en su piel. Me quedé un rato mirando esa imperfección que para mí era perfecta. Siempre lo hacía, siempre tenía que tocar para conocer la calidad del material.

-Cómpralos son unos zapatos muy buenos.

Dura realidad

La madre fue sacando un juguete tras otro de su bolso. Su hija los iba acumulando todos en la diminuta palma de su mano.

Qué bonito volver a ver a un niño jugar con canicas, pensé, pero cuando conocí la verdad, me pareció triste ver las canicas porque no tenían dinero para barbies.

Recuerdo reencarnado

Esa sensación que produce leer las palabras de un ser querido. Las palabras escritas no se borran, y menos las que se graban a fuego en la memoria. Por eso vuelves a leerlas una y otra vez. Tal vez porque así, esa persona que ya no está, vuelve a apoyar su mano sobre tu hombre y dice:

-Tranquilo, sigo aquí.

Ansia de lectura

Pasaba las hojas del libro a un ritmo desorbitado. Al principio, pensé que el chico estaba encantado con el libro y leía a una velocidad increíblemente rápida. Sin embargo, su rostro me decía todo lo contrarío. Tenía el ceño fruncido y la nariz arrugada, como si no entendiese nada. Al cabo de un rato vio que le miraba y me preguntó:

-¿En este libro no hay dibujos?

Sonríe preciosa

Tan bonita era la puesta de sol, tan brillante, con un cielo tan anaranjado que solo hay un momento mejor, y que mis ojos hayan visto: Su risa produciendo lágrimas en sus ojos.

El placer de no dormir

Su pecho subía y bajaba, sus párpados estaban echados, como una persiana, y su rostro parecía más tierno aún de lo normal. Recordé los buenos ratos que pasé a su lado y no pude reprimir la sonrisa de mi rostro. En ese momento me alegré de tener insomnio.

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